Sueños del Tiempo

  • Copo de Algodón

    Los sueños son reales y vienen a visitarnos aquí sobre la tierra y se ponen un huipil blanco y nos dejan su aroma de flores como una esperanza o como un aviso.

  • Querida Alejandría

    Porque como te extraño, te sueño y reconstruyo tus calles y tus fragancias y tu lengua sorprendida en la encrucijada de los dioses

  • Vicaris Vacanti Vestibulum

    Sed dignissim mauris nec velit ultrices id euismod orci iaculis. Aliquam ut justo id massa consectetur pellentesque pharetra ullamcorper nisl...

Leer... soñar...

Porque al leer dejamos de ser nosotros mismos para convertirnos en nosotros mismos pero plurales, polidimensionales, potencialmente infinitos. Cuando la infancia descubre la lectura en este sentido no apetece juego más alado, magia más absoluta. Los niños lectores encuentran en el libro el espejo de su condición sagrada. Porque la infancia es ese estadio de la edad humana en que la realidad se percibe en su misterio completo, en sus colores prístinos, en su sol absoluto, en sus cuevas llenas de tesoros y en el amor inmortal y dulce y misterioso y puro.

María García Esperón


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domingo, 10 de julio de 2011

Amazona




Aquiles vio venir a la amazona y se reflejó en la alta figura como en un espejo. Había vivido entre las mujeres cuando estuvo en Esciros disfrazado de doncella y les había temido. Pero en el lecho siempre entraba como un vencedor y las cautivas de hermosa cintura a las que había arrancado de sus hogares después de matar al padre o al esposo terminaban adorándolo como un dios, trémulas como Psiquis ante Eros.
Pentesilea miró a Aquiles y quedó deslumbrada.
-Su madre es sin dudas una diosa -pensó- pero Aquiles es mortal como Patroclo y como Héctor. Si lo venzo, me llenaré de gloria y consagraré sus armas a Ártemis. Sobre su escudo recostaré a la primera hija que me nazca en la patria montañosa, a la orilla del Ponto, morada de mi madre.
Tiempo después, Aquiles despojaba a la amazona de su coraza. Sus bellos ojos abiertos, con la última interrogación dibujada en la pupila se le clavaron en el alma a Aquiles, tan hondamente como la espada del héroe se había clavado en el pecho de la reina.
Los bellos ojos abrieron manantiales en los ojos de Aquiles, que supo que sin la guerra de por medio habría amado a esa mujer como la única compañera digna de su alma. Se arrodilló y devolvió la coraza al suave pecho de la guerrera; sus largos cabellos rozaron el rostro de Pentesilea y una lágrima del héroe cayó sobre la mejilla de la amazona.

El escudo de Aquiles
MGE
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viernes, 1 de julio de 2011

Afrodita



Aquiles no contestó. Había perdido la noción del tiempo y sentía que hacía una eternidad que estaba a la orilla del Escamandro y que la troyana que le hablaba sin temor no era una mujer sino un mensaje.  Un temblor desconocido agitó sus miembros y sin pensar en lo que hacía tomó a Polixena por los hombros y la estrechó contra su pecho. Ella escuchó latir el corazón del héroe y se estremeció.
-Te me mentido, ligero Aquiles. No fue Atenea quien me inspiró el sueño que me trajo a tu camino. Fue Afrodita.

El escudo de Aquiles
MGE
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